Francisco Labastida Ochoa inauguró la era de los políticos gaznápiros. Aunque no era un completo tonto como los demás que mencionaré, fue un contendiente tibio, gris e insulso. Su aportación fue bajar la vara con la que se medía a los candidatos. Eso le permitió a Vicente Fox alzarse con un triunfo inédito: ganó un abanderado de oposición, el más tonto, pero que supo capitalizar el enorme descontento con el PRI.
La presidencia de Fox fue un carnaval de yerros, omisiones, puntadas, nepotismo y corrupción. Desde el ya famoso "¿Y yo por qué?" cuando se le instaba a frenar el ilegal apoderamiento del Canal 40 por parte de Ricardo Salinas Pliego hasta las injerencias de su impresentable esposa Marta Sahagún. El gabinete navegó al garete, y los que tuvieron más saliva comieron más pinole. La labor que le encomendaron quienes idearon y aprobaron su triunfo (que es un tema extenso, que no tocaré en esta ocasión, y solamente diré que no hubo tal alternancia, lo siento) fue la de realizar las reformas constitucionales relativas a educación, materia energética, hacienda pública y comunicaciones, entre otras. Se perdió en sus laberintos mentales y no las llevó a cabo.
Luego vino el sexenio de Calderón, del que solo apuntaré que su ineptitud, su ingobernable ego, su irascible carácter y sus marcadas obsesiones también le apartaron del camino que se le había trazado para lograr los reformones que los neoliberales exigían. Enfocó todas sus baterías en librar una guerra sin rumbo, sin estrategia, y sumió al país en el caos. Ese fue su legado, esa su historia, que pone en segundo plano su perversa bufonería.
Llegó Peña Nieto, el neoliberalismo resucitó al PRI, ya que el PAN demostró que no tenía la experiencia, la capacidad ni el vigor para reformar la Constitución en áreas torales y sagradas para los mexicanos como el petróleo y la energía eléctrica. Lo que sí logró Acción Nacional en las presidencias que detentaron fue el desmantelamiento de las leyes laborales abriendo la puerta a los empleos precarios.
Los escándalos y yerros de Peña no detuvieron los controversiales cambios a la Constitución que borraron conquistas históricas de la Nación mexicana y legalizaron prácticas que venían realizándose de facto desde muchos años atrás. Sus conocidos atributos de superficialidad, corrupción, insensibilidad, ignorancia, incultura y estupidez no incidieron efectivamente para evitar que concretara la mayor parte de la agenda que se le impuso como aduana para llegar a Los Pinos. La vara que Labastida y Fox bajaron le permitió a Peña no sólo hacerse del poder formal, sino que le llevaron a pensar que otro gaznápiro podría sucederle. Y así designaron a José Antonio Meade Kuribreña como aspirante a sucederlo.
Pero en esta ocasión parece que el plan no cuajará. El eclipsado pretendiente navega en un lejano tercer lugar, treinta puntos atrás del puntero, mientras su equipo de campaña no acierta (por incapacidad genuina o dolosa) a enderezar el rumbo, colocándolo en situaciones vergonzosas por la improvisación y el desgano imperantes. El oscuro funcionario federal es demasiado imbécil para darse cuenta de los cuantiosos desvíos de dinero que ocurrieron en las secretarías de estado por donde pasó (una de ellas responsable de administrar los recursos económicos del país), o bien, es cómplice, al menos pasivo, de la descarada corrupción del peñato. En adición, la pesada loza del desprestigio del instituto político tricolor ha sido demasiado lastre para un opaco burócrata "sin partido".
Las preferencias electorales actuales sugieren que casi la mitad del electorado con intención de votar ha sido vacunada en contra de gaznápiros, palurdos y engañabobos, mientras que la otra mitad se encuentra dividida, temerosa y opuesta a un candidato que les incomoda en demasía, al que descalifican por populista, mesiánico y ser de extrema izquierda, pero rara vez lo acusan de memez.
Espacio para hablar de todo, o casi, sin ser Experto de Nada. Son bienvenidos todos los comentarios.
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jueves, mayo 10, 2018
domingo, julio 13, 2014
Los retos de Brasil
Las críticas a Dilma Rousseff por la aún existente pobreza en Brasil, así como por la represión a las protestas tienen, al menos, un denominador común: la desinformación.
Es muy difícil para cualquiera, en el breve lapso de poco más de una década, revertir siglos de desigualdad e inequidad aderezados con los embates de la ultraderecha que son difundidos ampliamente dentro y fuera del país amazónico por los consorcios mediáticos convertidos en Ministerios de Educación y en verdaderas Iglesias poseedoras de la verdad única. Si a esto le agregamos un sistema económico mundial que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias, aniquilando de paso al ejercicio de la política en general, y en lo particular, al de la política pública, pues resulta bastante fácil apuntar flamígeros dedos hacia el (o en este caso, hacia la) que todos señalan como causante de todos los males.
Pero la desinformación no se queda en ese nivel. Paralelo a la celebración de la Copa del Mundo (deslucida y plagada de irregularidades provenientes del manejo discrecional que la FIFA hace de este deporte), se han venido dando un conjunto de acciones que prometen entronizar a Brasil como una nación reina en el ajedrez mundial. Dilma ha acercado aún más a su país al corazón mismo de los BRICS (acrónimo que designa a un grupo de naciones que surge como alternativa al omnipresente control del neoliberalismo sobre la vida y haciendas de la comunidad internacional, formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) al anunciar una participación de 18 mil millones de dólares en un organismo financiero internacional que fungirá como banco de desarrollo para las naciones participantes. Rusia e India aportarán la misma cantidad, Sudáfirca "solamente" 5 mmdd, y China será la estrella con 41 mmdd. Además, Rusia acaba de condonar el 90% de la deuda cubana con ellos y, no contenta con eso, invertirá grandes sumas en la isla.
Sí, la mano que mece la cuna detrás de las protestas por el exorbitante gasto en la Copa del Mundo, ha ocultado este enorme logro del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño. Tener acceso a un fondo de 100 mmdd fuera del influjo depredador del FMI, el BM y la Troika europea (en donde también participa el FMI), es una bocanada de oxígeno puro para la economía de los BRICS. Si me permiten ser muy, pero muy simplista, ese grupo multinacional, que enarbola algunos principios del alguna vez fulgurante bloque de los Países No Alineados, intenta revertir la Guerra de Castas que el neoliberalismo busca implantar en todo el mundo para llegar, en el peor de los casos, a la proclamada extinta y enterrada Lucha de Clases. Esto puede parecer un retroceso de un siglo en la historia de la humanidad, pero sigue siendo mejor que el regreso a la Edad Media en que los financieristas nos han embarcado a todos.
El Brasil de Dilma enfrenta grandes retos aún, entre ellos la persistente y lacerante pobreza, pero no se le pueden regatear grandes triunfos en áreas como la educación, la salud, la economía, incluso en el combate a la pobreza, que a pesar de ser importantes, no son suficientes. El andar emprendido por Lula, seguido por la adusta Rousseff, de ninguna manera acaba hoy, ni mañana. Los desafíos internos y externos son muchos y muy graves; son grandes y apremiantes. Por eso hay que atenderlos con calma y firmeza, con una visión de largo plazo. Hay que enfrentarlos con una visión de estadista, de esos que hoy en día son tan escasos porque todos se han rendido al brillo seductor del becerro de oro.
Es muy difícil para cualquiera, en el breve lapso de poco más de una década, revertir siglos de desigualdad e inequidad aderezados con los embates de la ultraderecha que son difundidos ampliamente dentro y fuera del país amazónico por los consorcios mediáticos convertidos en Ministerios de Educación y en verdaderas Iglesias poseedoras de la verdad única. Si a esto le agregamos un sistema económico mundial que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias, aniquilando de paso al ejercicio de la política en general, y en lo particular, al de la política pública, pues resulta bastante fácil apuntar flamígeros dedos hacia el (o en este caso, hacia la) que todos señalan como causante de todos los males.
Pero la desinformación no se queda en ese nivel. Paralelo a la celebración de la Copa del Mundo (deslucida y plagada de irregularidades provenientes del manejo discrecional que la FIFA hace de este deporte), se han venido dando un conjunto de acciones que prometen entronizar a Brasil como una nación reina en el ajedrez mundial. Dilma ha acercado aún más a su país al corazón mismo de los BRICS (acrónimo que designa a un grupo de naciones que surge como alternativa al omnipresente control del neoliberalismo sobre la vida y haciendas de la comunidad internacional, formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) al anunciar una participación de 18 mil millones de dólares en un organismo financiero internacional que fungirá como banco de desarrollo para las naciones participantes. Rusia e India aportarán la misma cantidad, Sudáfirca "solamente" 5 mmdd, y China será la estrella con 41 mmdd. Además, Rusia acaba de condonar el 90% de la deuda cubana con ellos y, no contenta con eso, invertirá grandes sumas en la isla.
Sí, la mano que mece la cuna detrás de las protestas por el exorbitante gasto en la Copa del Mundo, ha ocultado este enorme logro del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño. Tener acceso a un fondo de 100 mmdd fuera del influjo depredador del FMI, el BM y la Troika europea (en donde también participa el FMI), es una bocanada de oxígeno puro para la economía de los BRICS. Si me permiten ser muy, pero muy simplista, ese grupo multinacional, que enarbola algunos principios del alguna vez fulgurante bloque de los Países No Alineados, intenta revertir la Guerra de Castas que el neoliberalismo busca implantar en todo el mundo para llegar, en el peor de los casos, a la proclamada extinta y enterrada Lucha de Clases. Esto puede parecer un retroceso de un siglo en la historia de la humanidad, pero sigue siendo mejor que el regreso a la Edad Media en que los financieristas nos han embarcado a todos.
El Brasil de Dilma enfrenta grandes retos aún, entre ellos la persistente y lacerante pobreza, pero no se le pueden regatear grandes triunfos en áreas como la educación, la salud, la economía, incluso en el combate a la pobreza, que a pesar de ser importantes, no son suficientes. El andar emprendido por Lula, seguido por la adusta Rousseff, de ninguna manera acaba hoy, ni mañana. Los desafíos internos y externos son muchos y muy graves; son grandes y apremiantes. Por eso hay que atenderlos con calma y firmeza, con una visión de largo plazo. Hay que enfrentarlos con una visión de estadista, de esos que hoy en día son tan escasos porque todos se han rendido al brillo seductor del becerro de oro.
sábado, mayo 31, 2014
La derecha golpista en Brasil
Con sus diferencias obvias, la ultraderecha ha puesto en marcha virtuales golpes de estado en Brasil y Venezuela. La megalomanía de Maduro abona el terreno para los ataques radicales y la manipulación de las masas. Se ha comprobado que están utilizando en las redes sociales imágenes de asesinatos, violencia policial y represión falseadas. ¿Quién no recuerda la etiqueta de Twitter #PrayForVenezuela? La gente de buena voluntad, pero desinformada, ha caído en el engaño, repetido hasta el cansancio por los medios de comunicación alineados con los golpistas.
Los afanes stalinistas de Maduro hacen difícil su defensa, pero con Dilma Rousseff es una historia muy diferente. La cadena O Globo, el equivalente de Televisa en la patria amazónica, ha emprendido desde hace tiempo una campaña de difamación del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). La Copa del Mundo ha sido un buen pretexto para calentar el ambiente pre electoral en Brasil. Como es sabido, la calumnia siempre lleva verdades a medias dentro de sí. El alto costo financiero en que se ha incurrido para la celebración de la Copa es yesca que prende fácilmente ante las consignas incendiarias de corrupción e ineficacia. El caso paradigmático es el ¿ex? futbolista Ronaldo, ligado estrechamente con la envilecida dirigencia de la FIFA, quien ha criticado en cuanto foro le es posible la organización del evento futbolístico por excelencia, viéndose obligado a recular en fechas recientes ante el repudio popular y el desmoronamiento de sus injurias venenosas.
Ahora, surgen las acusaciones al gobierno de la presidente Rousseff de que está limpiando las calles de Brasil de niños de la calle mediante el vil recurso de asesinarlos. Recordemos que hace 25 años los escuadrones de la muerte que llevaron a cabo la carnicería cruel y cobarde de los llamados "meninos da rua", fueron financiados por la ultraderecha brasileña, especialmente en Río de Janeiro. Se trataba de policías y delincuentes, a quienes les pagaban para exterminar a los niños desamparados con el argumento de que el futuro irremediable de esos marginados no era otro que la delincuencia, así que la masacre era una medida profiláctica. Y para "demostrar" las acusaciones, en redes sociales ya empiezan a circular hórridas fotografías de niños asesinados. No extrañaría que resultaran ser imágenes falseadas o de otros lugares en el mundo, como se ha hecho en Venezuela. O bien, que dichas matanzas estén siendo realizadas por los conjurados que buscan derrocar a un gobierno democráticamente electo.
Pero, ¿cuál es la grave falta, el enorme pecado de los gobiernos que se busca sean destituidos por medio de infamias y ataques a los fundamentos democráticos? La respuesta es simple: se han alejado de los designios neoliberales que hoy día imperan como la ideología dominante y como la doctrina económica única. El caso de Venezuela debe analizarse aparte, pues los últimos gobiernos han combinado autoritarismo, populismo y absolutismo con legítimos intereses sociales, políticos y económicos. Pero si debemos meter en un mismo saco los objetivos de estos regímenes (por un lado Chávez y Maduro, y por el otro Lula y Dilma), encontraremos coincidencias fáciles de reconocer: combate a la pobreza; defensa de su soberanía (en los terrenos políticos, militares, energéticos y alimentarios, entre los más sobresalientes); agresivos planes de salud y mejoramiento de la educación; defensa a ultranza de su riqueza petrolera, recobrando la rectoría del Estado sobre la explotación, refinación y distribución de hidrocarburos y derivados; apertura de mercados pero protegiendo la economía interna, lejos del proteccionismo de antaño; y poca tolerancia con el crimen organizado, principalmente del narcotráfico.
En ambos casos hay asignaturas pendientes que laceran a sus respectivas sociedades. En el caso brasileño los pueblos originarios siguen padeciendo atraso y represión; la prostitución es un mal endémico que no se ha podido controlar; la economía muestra grandes avances, y aunque la desigualdad ha perdido terreno, aún es un problema crítico. Pero también hay logros destacables: cuentan con unas industrias aeroespacial y militares muy relevantes, el desempleo ha bajado consistentemente, la libertad de expresión es una prioridad, y la defensa de los derechos humanos registra un saldo positivo.
Combatir décadas, incluso siglos, de condiciones adversas para el bienestar de los pueblos no es tarea sencilla, ni puede aspirarse a eliminar sus efectos en el corto plazo. Se requieren políticas de Estado, que más allá de los colores partidistas, garanticen la continuidad de los planes y programas estabilizadores. Eso es lo que Brasil ha logrado, y eso es lo que la derecha radical intenta echar abajo.
Los afanes stalinistas de Maduro hacen difícil su defensa, pero con Dilma Rousseff es una historia muy diferente. La cadena O Globo, el equivalente de Televisa en la patria amazónica, ha emprendido desde hace tiempo una campaña de difamación del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). La Copa del Mundo ha sido un buen pretexto para calentar el ambiente pre electoral en Brasil. Como es sabido, la calumnia siempre lleva verdades a medias dentro de sí. El alto costo financiero en que se ha incurrido para la celebración de la Copa es yesca que prende fácilmente ante las consignas incendiarias de corrupción e ineficacia. El caso paradigmático es el ¿ex? futbolista Ronaldo, ligado estrechamente con la envilecida dirigencia de la FIFA, quien ha criticado en cuanto foro le es posible la organización del evento futbolístico por excelencia, viéndose obligado a recular en fechas recientes ante el repudio popular y el desmoronamiento de sus injurias venenosas.
Ahora, surgen las acusaciones al gobierno de la presidente Rousseff de que está limpiando las calles de Brasil de niños de la calle mediante el vil recurso de asesinarlos. Recordemos que hace 25 años los escuadrones de la muerte que llevaron a cabo la carnicería cruel y cobarde de los llamados "meninos da rua", fueron financiados por la ultraderecha brasileña, especialmente en Río de Janeiro. Se trataba de policías y delincuentes, a quienes les pagaban para exterminar a los niños desamparados con el argumento de que el futuro irremediable de esos marginados no era otro que la delincuencia, así que la masacre era una medida profiláctica. Y para "demostrar" las acusaciones, en redes sociales ya empiezan a circular hórridas fotografías de niños asesinados. No extrañaría que resultaran ser imágenes falseadas o de otros lugares en el mundo, como se ha hecho en Venezuela. O bien, que dichas matanzas estén siendo realizadas por los conjurados que buscan derrocar a un gobierno democráticamente electo.
Pero, ¿cuál es la grave falta, el enorme pecado de los gobiernos que se busca sean destituidos por medio de infamias y ataques a los fundamentos democráticos? La respuesta es simple: se han alejado de los designios neoliberales que hoy día imperan como la ideología dominante y como la doctrina económica única. El caso de Venezuela debe analizarse aparte, pues los últimos gobiernos han combinado autoritarismo, populismo y absolutismo con legítimos intereses sociales, políticos y económicos. Pero si debemos meter en un mismo saco los objetivos de estos regímenes (por un lado Chávez y Maduro, y por el otro Lula y Dilma), encontraremos coincidencias fáciles de reconocer: combate a la pobreza; defensa de su soberanía (en los terrenos políticos, militares, energéticos y alimentarios, entre los más sobresalientes); agresivos planes de salud y mejoramiento de la educación; defensa a ultranza de su riqueza petrolera, recobrando la rectoría del Estado sobre la explotación, refinación y distribución de hidrocarburos y derivados; apertura de mercados pero protegiendo la economía interna, lejos del proteccionismo de antaño; y poca tolerancia con el crimen organizado, principalmente del narcotráfico.
En ambos casos hay asignaturas pendientes que laceran a sus respectivas sociedades. En el caso brasileño los pueblos originarios siguen padeciendo atraso y represión; la prostitución es un mal endémico que no se ha podido controlar; la economía muestra grandes avances, y aunque la desigualdad ha perdido terreno, aún es un problema crítico. Pero también hay logros destacables: cuentan con unas industrias aeroespacial y militares muy relevantes, el desempleo ha bajado consistentemente, la libertad de expresión es una prioridad, y la defensa de los derechos humanos registra un saldo positivo.
Combatir décadas, incluso siglos, de condiciones adversas para el bienestar de los pueblos no es tarea sencilla, ni puede aspirarse a eliminar sus efectos en el corto plazo. Se requieren políticas de Estado, que más allá de los colores partidistas, garanticen la continuidad de los planes y programas estabilizadores. Eso es lo que Brasil ha logrado, y eso es lo que la derecha radical intenta echar abajo.
martes, agosto 20, 2013
Goebbels revisitado
No soy afecto a creer en conspiraciones, pero reconozco el poder de las cofradías.
En lo que sí creo es en la peligrosidad de los ruines, de la codicia desmedida; en la deshumanización de quienes pregonan el sacrificio de muchos para el "bien común", que no es otra cosa que el beneficio de unos pocos. También creo en las ideologías, hoy tan desdoradas por quienes han decretado su muerte con la simple intención de que sólo la suya prevalezca. Una suerte de absolutismo por el que, ahora resulta, debemos de darles las gracias. Una auténtica "revolución de los ricos", como lo afirman y explican Carlos Tello y Jorge Ibarra en su libro (La revolución de los ricos, UNAM, 2012). Una revolución triunfante, soterrada, casi una guerrilla. Una revolución en donde se buscaba, y se ha logrado, la extinción del Estado de Bienestar de la posguerra de mitades del siglo pasado. Una revolución gestada en Suiza, que dio origen a la Mont Pelerin Society (cabeza de playa de los ricos revolucionarios revisionistas del liberalismo económico), creció en las aulas de la Universidad de Chicago, y tuvo su exitoso debut en sociedad con el otorgamiento de varios premios Nobel de Economía: 19 en 25 años. Dato curioso, el Nobel de Economía no fue creado, ni es entregado, por la Fundación Nobel, sino por el Banco Central de Suecia desde 1968. Y como es un premio a la memoria de Alfred Nobel, se apropiaron del nombre.
La doctrina conocida como neoliberalismo, se sustenta en las teorías económicas neoclásicas de finales del siglo XIX. Su propagación fue auspiciada por la Mont Pelerin Society a través de personajes como Friederich A. Hayek, Milton Friedman y Francis Fukuyama. Esa simiente se dispersó por todo el mundo. En el caso de México, cayó en terreno fértil en el ITAM, el ITESM y la UIA. En el gobierno mexicano la polinización se logró incorporando a personajes como Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe, Luis Téllez, Francisco Gil Díaz, Ernesto Zedillo Ponce de León, Agustín Carstens, José Ángel Gurría y Jaime Serra Puche, entre muchos otros. En el medio empresarial mexicano, el buque insignia es el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que agrupa a CONCANACO, CONCAMIN, ANTAR, CANACINTRA, COPARMEX y diversas asociaciones financieras de bancos, seguros y casas de bolsa, entre otras organizaciones.
A nivel mundial, el neoliberalismo llevó al poder, y llegó al poder, con Margaret Tatcher, Augusto Pinochet, Ronald Reagan, Carlos Menem, Alberto Fujimori y un largo etcétera. Los mismísimos Karol Wojtyla (Juan Pablo II), Lech Walesa (líder del sindicato polaco Solidarnosc (Solidaridad)), Boris Yeltsin y Mijaíl Gorbachov sirvieron y se sirvieron del neoliberalismo, contribuyendo a la caída del Muro de Berlín y a la eliminación de contrapesos en el ajedrez geopolítico-económico mundial.
Como podemos ver en este apretado e incompleto resumen, la situación actual no es azarosa, no surgió de la noche a la mañana. La Revolución de los Ricos se ha venido haciendo durante décadas, y hoy campea triunfante sobre la pauperizada población mundial. No es tampoco un complot, una conjura, es una ideología que ha sabido demoler a la oposición, que ha sometido hasta la ignominia a las otras ideologías, borrándolas de la faz del orbe. Es una doctrina que ha avanzado montada en el absolutismo, la tiranía, el totalitarismo. Es una conjunto de verdades a medias que han tejido una gran mentira repetida hasta el cansancio por muchos, alentada por pocos y aceptada por todos: productividad, pleno empleo, máxima utilidad, modernización, apertura, libre mercado auto regulado, adelgazamiento del estado, individualización, consumo.
Goebbels revisitado, revisado y actualizado.
En lo que sí creo es en la peligrosidad de los ruines, de la codicia desmedida; en la deshumanización de quienes pregonan el sacrificio de muchos para el "bien común", que no es otra cosa que el beneficio de unos pocos. También creo en las ideologías, hoy tan desdoradas por quienes han decretado su muerte con la simple intención de que sólo la suya prevalezca. Una suerte de absolutismo por el que, ahora resulta, debemos de darles las gracias. Una auténtica "revolución de los ricos", como lo afirman y explican Carlos Tello y Jorge Ibarra en su libro (La revolución de los ricos, UNAM, 2012). Una revolución triunfante, soterrada, casi una guerrilla. Una revolución en donde se buscaba, y se ha logrado, la extinción del Estado de Bienestar de la posguerra de mitades del siglo pasado. Una revolución gestada en Suiza, que dio origen a la Mont Pelerin Society (cabeza de playa de los ricos revolucionarios revisionistas del liberalismo económico), creció en las aulas de la Universidad de Chicago, y tuvo su exitoso debut en sociedad con el otorgamiento de varios premios Nobel de Economía: 19 en 25 años. Dato curioso, el Nobel de Economía no fue creado, ni es entregado, por la Fundación Nobel, sino por el Banco Central de Suecia desde 1968. Y como es un premio a la memoria de Alfred Nobel, se apropiaron del nombre.
La doctrina conocida como neoliberalismo, se sustenta en las teorías económicas neoclásicas de finales del siglo XIX. Su propagación fue auspiciada por la Mont Pelerin Society a través de personajes como Friederich A. Hayek, Milton Friedman y Francis Fukuyama. Esa simiente se dispersó por todo el mundo. En el caso de México, cayó en terreno fértil en el ITAM, el ITESM y la UIA. En el gobierno mexicano la polinización se logró incorporando a personajes como Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe, Luis Téllez, Francisco Gil Díaz, Ernesto Zedillo Ponce de León, Agustín Carstens, José Ángel Gurría y Jaime Serra Puche, entre muchos otros. En el medio empresarial mexicano, el buque insignia es el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que agrupa a CONCANACO, CONCAMIN, ANTAR, CANACINTRA, COPARMEX y diversas asociaciones financieras de bancos, seguros y casas de bolsa, entre otras organizaciones.
A nivel mundial, el neoliberalismo llevó al poder, y llegó al poder, con Margaret Tatcher, Augusto Pinochet, Ronald Reagan, Carlos Menem, Alberto Fujimori y un largo etcétera. Los mismísimos Karol Wojtyla (Juan Pablo II), Lech Walesa (líder del sindicato polaco Solidarnosc (Solidaridad)), Boris Yeltsin y Mijaíl Gorbachov sirvieron y se sirvieron del neoliberalismo, contribuyendo a la caída del Muro de Berlín y a la eliminación de contrapesos en el ajedrez geopolítico-económico mundial.
Como podemos ver en este apretado e incompleto resumen, la situación actual no es azarosa, no surgió de la noche a la mañana. La Revolución de los Ricos se ha venido haciendo durante décadas, y hoy campea triunfante sobre la pauperizada población mundial. No es tampoco un complot, una conjura, es una ideología que ha sabido demoler a la oposición, que ha sometido hasta la ignominia a las otras ideologías, borrándolas de la faz del orbe. Es una doctrina que ha avanzado montada en el absolutismo, la tiranía, el totalitarismo. Es una conjunto de verdades a medias que han tejido una gran mentira repetida hasta el cansancio por muchos, alentada por pocos y aceptada por todos: productividad, pleno empleo, máxima utilidad, modernización, apertura, libre mercado auto regulado, adelgazamiento del estado, individualización, consumo.
Goebbels revisitado, revisado y actualizado.
miércoles, noviembre 11, 2009
Sin trabajo, sin casa, sin dinero
El mundo entero sufre los estertores de un modelo económico, financiero e ideológico que agoniza.
Cientos de miles han sido lanzados a la calle al perderse su fuente de trabajo. Millones han visto deteriorarse su modo de vida en unos cuantos años. Familias enteras han perdido su patrimonio. El neoliberalismo, que ha hecho del capital el vellocino de oro y le ha conferido cualidades autoregulatorias que no tiene, ha sumido al mundo en una profundísima crisis financiera, causando el colapso de las economías de los países y propiciado la vergonzosa concentración de la riqueza en unas pocas manos, mientras que millones de seres humanos pagan las consecuencias de los falaces postulados neoliberales.
No sorprende que el perverso esquema de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias haya rebasado su carácter monetarista y esté generando una descomunal crisis social. Tanto que Europa entera ha iniciado un movimiento contra el desempleo. José Saramago, premio Nóbel de Literatura, aporta su grano de arena mediante un texto que ha publicado en su blog. Rescato un fragmento para compartirlo aquí.
Para algunos el calificativo de "crimen contra la humanidad" puede parecer excesivo, pero para quienes resienten los efectos de un sistema rapaz apenas les parecerá justo. Por nuestra parte, los mexicanos, deberemos de pagar durante muchos años la miopía de los gobiernos neoliberales, amén de la incapacidad de los dos últimos.
Cientos de miles han sido lanzados a la calle al perderse su fuente de trabajo. Millones han visto deteriorarse su modo de vida en unos cuantos años. Familias enteras han perdido su patrimonio. El neoliberalismo, que ha hecho del capital el vellocino de oro y le ha conferido cualidades autoregulatorias que no tiene, ha sumido al mundo en una profundísima crisis financiera, causando el colapso de las economías de los países y propiciado la vergonzosa concentración de la riqueza en unas pocas manos, mientras que millones de seres humanos pagan las consecuencias de los falaces postulados neoliberales.
No sorprende que el perverso esquema de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias haya rebasado su carácter monetarista y esté generando una descomunal crisis social. Tanto que Europa entera ha iniciado un movimiento contra el desempleo. José Saramago, premio Nóbel de Literatura, aporta su grano de arena mediante un texto que ha publicado en su blog. Rescato un fragmento para compartirlo aquí.
Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la humanidad y desde esta perspectiva debe ser analizado en los foros públicos y en las conciencias. No es exageración. Crímenes contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas. Crimen contra la humanidad es también el que los poderes financieros y económicos, con la complicidad efectiva o tácita de los gobiernos, fríamente han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo, amenazadas de perder lo que les queda, su casa y sus ahorros, después de haber perdido la única y tantas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su trabajo.
Para algunos el calificativo de "crimen contra la humanidad" puede parecer excesivo, pero para quienes resienten los efectos de un sistema rapaz apenas les parecerá justo. Por nuestra parte, los mexicanos, deberemos de pagar durante muchos años la miopía de los gobiernos neoliberales, amén de la incapacidad de los dos últimos.
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viernes, enero 30, 2009
Vaya, vaya, el Efecto Obama
Quién lo iba a decir: los Republicanos de EU eligiendo un presidente afroamericano para su partido.
Esta confesión subliminal de que el triunfo de Obama los tomó por sorpresa total y absolutamente no es cosa menor. Tampoco el hecho de que hayan decidido copiar el modelito tan rápidamente sin una posibilidad real de analizarlo y comprenderlo, por lo que predigo desde mi absoluta ignorancia que será un desatino destinado al fracaso.
Y me atrevo a vaticinarlo pues los republicanos han dado cobijo a los grupos supremacistas (eufemismo de racismo) por décadas. Sin signos previos de apertura o simpatía hacia la diversidad racial en la dirigencia del partido, nos salen con el domingo siete de un presidente partidario de raza negra. Pero lejos de ser un acierto, este gesto republicano es una muestra de su ignorancia y oportunismo: Obama triunfó pues supo recoger los reclamos, no solamente de la sociedad norteamericana, sino del mundo entero. La impúdica desigualdad que ha provocado el "libre mercado", las inmorales ganancias derivadas de un sistema financiero "autoregulado" (ajá!), la falaz aventura de la guerra de Iraq, y la pérdida de la confianza tanto en gobiernos como en las empresas ha sido el caldo de cultivo que gestó el arrasador triunfo de Barack Obama, pues mostró la sensibilidad, comprensión y simpatía hacia todos los afectados negativamente por un sistema económico voraz e inmoral que ningún republicano evidenció.
No fue su carisma, como tampoco el color de su piel, fue su comprensión de que las sociedades del mundo entero han sido depredadas y saqueadas por esquemas financieros y económicos injustos, inequitativos y usureros.
Otra evidencia de que este "monkey sees, monkey does" republicano es una falacia y una estupidez, estriba en la forma en que Obama llegó a amplios segmentos de la población estadounidense: los medios Web 2.0, o para decirlo más simplistamente, la cara social de Internet. El blog Micro Persuasion da acceso a un estudio de Edelman, una firma de Relaciones Públicas, donde se analiza el uso efectivo de herramientas sociales y de Internet por parte del equipo de campaña del ahora presidente de los EU. Para descargar el estudio hagan clic aquí (formato PDF). Algunas de las herramientas que utilizaron magistralmente fueron desde las más tradicionales hasta las más novedosas: correo electrónico, redes sociales (Facebook), blogs y microblogs (Twitter), y otras más.
El estudio de Edelman es altamente recomendable para quienes quieran hacer campañas políticas efectivas en este mundo, y especialmente en nuestro México, donde la desconfianza y el resentimiento a instituciones gubernamentales y partidos políticos campean.
Pero no se precipiten señores del PRI, PAN, PRD y otras franquicias, perdón, partidos políticos. Antes que nada hay que ser políticos; tener un análisis de la actualidad que permita comprenderla; un plan de gobierno; honradez, sinceridad y sensibilidad; soluciones a problemas acuciantes; ganas de trabajar; y un fuerte compromiso social. Todo lo anterior no se compra ni con todo el dinero del mundo, y ustedes carecen de todo lo eso, así que, ni modo, a seguir comprando votos, funcionarios y autoridades; a continuar la guerra sucia de descalificaciones; a sustituir razonamientos con calumnias; en fin, a hacer lo que saben hacer.
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Esta confesión subliminal de que el triunfo de Obama los tomó por sorpresa total y absolutamente no es cosa menor. Tampoco el hecho de que hayan decidido copiar el modelito tan rápidamente sin una posibilidad real de analizarlo y comprenderlo, por lo que predigo desde mi absoluta ignorancia que será un desatino destinado al fracaso.
Y me atrevo a vaticinarlo pues los republicanos han dado cobijo a los grupos supremacistas (eufemismo de racismo) por décadas. Sin signos previos de apertura o simpatía hacia la diversidad racial en la dirigencia del partido, nos salen con el domingo siete de un presidente partidario de raza negra. Pero lejos de ser un acierto, este gesto republicano es una muestra de su ignorancia y oportunismo: Obama triunfó pues supo recoger los reclamos, no solamente de la sociedad norteamericana, sino del mundo entero. La impúdica desigualdad que ha provocado el "libre mercado", las inmorales ganancias derivadas de un sistema financiero "autoregulado" (ajá!), la falaz aventura de la guerra de Iraq, y la pérdida de la confianza tanto en gobiernos como en las empresas ha sido el caldo de cultivo que gestó el arrasador triunfo de Barack Obama, pues mostró la sensibilidad, comprensión y simpatía hacia todos los afectados negativamente por un sistema económico voraz e inmoral que ningún republicano evidenció.
No fue su carisma, como tampoco el color de su piel, fue su comprensión de que las sociedades del mundo entero han sido depredadas y saqueadas por esquemas financieros y económicos injustos, inequitativos y usureros.
Otra evidencia de que este "monkey sees, monkey does" republicano es una falacia y una estupidez, estriba en la forma en que Obama llegó a amplios segmentos de la población estadounidense: los medios Web 2.0, o para decirlo más simplistamente, la cara social de Internet. El blog Micro Persuasion da acceso a un estudio de Edelman, una firma de Relaciones Públicas, donde se analiza el uso efectivo de herramientas sociales y de Internet por parte del equipo de campaña del ahora presidente de los EU. Para descargar el estudio hagan clic aquí (formato PDF). Algunas de las herramientas que utilizaron magistralmente fueron desde las más tradicionales hasta las más novedosas: correo electrónico, redes sociales (Facebook), blogs y microblogs (Twitter), y otras más.
El estudio de Edelman es altamente recomendable para quienes quieran hacer campañas políticas efectivas en este mundo, y especialmente en nuestro México, donde la desconfianza y el resentimiento a instituciones gubernamentales y partidos políticos campean.
Pero no se precipiten señores del PRI, PAN, PRD y otras franquicias, perdón, partidos políticos. Antes que nada hay que ser políticos; tener un análisis de la actualidad que permita comprenderla; un plan de gobierno; honradez, sinceridad y sensibilidad; soluciones a problemas acuciantes; ganas de trabajar; y un fuerte compromiso social. Todo lo anterior no se compra ni con todo el dinero del mundo, y ustedes carecen de todo lo eso, así que, ni modo, a seguir comprando votos, funcionarios y autoridades; a continuar la guerra sucia de descalificaciones; a sustituir razonamientos con calumnias; en fin, a hacer lo que saben hacer.
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martes, noviembre 11, 2008
A falta de tiempo II - 11 de nov 2008
En el fondo, la designación de Fernando Gómez Mont no es sorpresiva, una vez que uno le da una repasada a su perfil: abogado defensor de los Salinas de Gortari, de Cabal Peniche (Banca Cremi), del presunto defraudador del IMSS Tomás Peñaloza Webb, del ex director de PEMEX Rogelio Montemayor en el Pemexgate, de Jorge Lankenau (Ábaco Grupo Financiero), Gerardo de Prevoision (Aeroméxico), Napoleón "Napito" Gómez Urrutia (Sindicato Minero), etc., etc. etc. La crema y nata de los delincuentes de "cuello blanco".
Además, fue asesor de Ernesto Zedillo cuando era presidente de México, así como del entonces titular de la PGR Antonio Lozano Gracia. En suma ha estado alternadamente de ambos lados de la barandilla judicial: como autoridad y como abogado defensor. (Cero suspicacias, por favor. El de las "manos limpias" no puede equivocarse).
También (Oh casualidad! Tienes el rostro del escepticismo!!) ha sido asesor de Luis Téllez (esto sí que no es un accidente, como el avionazo donde murió Mouriño) y mano derecha del Jefe Diego (Fernández de Cevallos). Recordemos que el mote de "Jefe" se lo pusieron los priístas, pues tenía derecho de picaporte con el presidente Salinas, privilegio que ninguno de ellos gozaba, pues debían pasar inexorablemente por la aduana de José María Córdoba Montoya.
El vocero-secretario de gobernación-secretario de comunicaciones-perito-economista Luis Téllez también fue jefe de asesores de Ernesto Zedillo, ambos ligados estrechamente al Grupo Carlyle (The Carlyle Group), (Oh casualidad!) inversionista en Bombardier cuya subsidiaria Learjet fabrica los aviones Learjet 45 como en el que perdió la vida Juan Camilo Mouriño. De hecho Luis Téllez fue (o es) parte del consejo de asesores de Carlyle Group, en donde la familia Bush (sí, leyeron bien) tiene importantes intereses económicos, y fungió como presidente de la oficina de Carlyle en México. De hecho las oficinas de Carlyle Group están en la Avenida Pennsylvania, a unos metros de la Casa Blanca. Hablar de Carlyle amerita una nota exclusiva, por lo que solamente agregaré lo siguiente:
Gómez Mont participó en diferentes grados en las investigaciones de los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu.
Como se puede ver, los lazos de Gómez Mont son múltiples, dudosos y muy estrechos con la élite neoliberal salinista, y su designación parece responder a dos cosas: un pago de facturas de Calderón con el salinato que le ayudó a conquistar el poder; y una evidencia más de su debilidad y su soledad.
Cabe preguntarles a quienes ejercieron el "voto útil" en el 2000, así
como a quienes buscaron la promesa de "para vivir mejor" en el 2006:
¿Es esto lo que querían?
Toda esta información merece un análisis más concienzudo, mismo que por hoy no me es posible realizar, así que les dejo un cartón de El Fisgón a modo de editorial.
Technorati Tags: México, Bush, Calderón, Fernando Gómez Mont, Luis Téllez, Mouriño, neoliberalismo, Zedillo, Carlyle Group, Fernández de Cevallos, Salinas de Gortari
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Además, fue asesor de Ernesto Zedillo cuando era presidente de México, así como del entonces titular de la PGR Antonio Lozano Gracia. En suma ha estado alternadamente de ambos lados de la barandilla judicial: como autoridad y como abogado defensor. (Cero suspicacias, por favor. El de las "manos limpias" no puede equivocarse).
También (Oh casualidad! Tienes el rostro del escepticismo!!) ha sido asesor de Luis Téllez (esto sí que no es un accidente, como el avionazo donde murió Mouriño) y mano derecha del Jefe Diego (Fernández de Cevallos). Recordemos que el mote de "Jefe" se lo pusieron los priístas, pues tenía derecho de picaporte con el presidente Salinas, privilegio que ninguno de ellos gozaba, pues debían pasar inexorablemente por la aduana de José María Córdoba Montoya.
El vocero-secretario de gobernación-secretario de comunicaciones-perito-economista Luis Téllez también fue jefe de asesores de Ernesto Zedillo, ambos ligados estrechamente al Grupo Carlyle (The Carlyle Group), (Oh casualidad!) inversionista en Bombardier cuya subsidiaria Learjet fabrica los aviones Learjet 45 como en el que perdió la vida Juan Camilo Mouriño. De hecho Luis Téllez fue (o es) parte del consejo de asesores de Carlyle Group, en donde la familia Bush (sí, leyeron bien) tiene importantes intereses económicos, y fungió como presidente de la oficina de Carlyle en México. De hecho las oficinas de Carlyle Group están en la Avenida Pennsylvania, a unos metros de la Casa Blanca. Hablar de Carlyle amerita una nota exclusiva, por lo que solamente agregaré lo siguiente:
- Además de Luis Téllez y Ernesto Zedillo, tienen o tuvieron relaciones con dicho grupo Jaime Serra Puche, Luis Rubio Freidberg y Felicia Knaul (quien era o es funcionaria de la SEP).
- Carlyle Group opera en industrias tales como la militar, aeroespacial, de la aviación, de servicios de salud, y de energéticos, entre otras.
- En México es propietario de OTC Vitacilina, un centro de atención telefónica llamado Hispanic Teleservices y la Universidad Latinoamericana.
- La familia de Osama Bin Laden tuvo participación durante seis años en este grupo, siendo socios de la familia Bush.
Gómez Mont participó en diferentes grados en las investigaciones de los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu.
Como se puede ver, los lazos de Gómez Mont son múltiples, dudosos y muy estrechos con la élite neoliberal salinista, y su designación parece responder a dos cosas: un pago de facturas de Calderón con el salinato que le ayudó a conquistar el poder; y una evidencia más de su debilidad y su soledad.
Cabe preguntarles a quienes ejercieron el "voto útil" en el 2000, así
como a quienes buscaron la promesa de "para vivir mejor" en el 2006:
¿Es esto lo que querían?
Toda esta información merece un análisis más concienzudo, mismo que por hoy no me es posible realizar, así que les dejo un cartón de El Fisgón a modo de editorial.
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La Victoria de Obama: Una revuelta de ciudadanos consumidores.
Hoy me topé con un interesante artículo en el BusinessWeek. Su autora, Shoshana Zuboff, hace un interesante planteamiento relacionado con el resultado de las pasadas elecciones presidenciales en los Estados Unidos y las condiciones que colaboraron al triunfo de Barack Obama. Es extenso, pero vale la pena leerlo. La traducción es mía. Aquí se los dejo.
Esta columna está dedicada a los altos ejecutivos de las empresas norteamericanas cuyas políticas y prácticas de negocios ayudaron a asegurar la victoria de Barack Obama. La demanda de cambio que sonó a través del país no está limitada a nuestros nuevos Presidente y Congreso. Esa llamada también sonó para ustedes. El triunfo de Obama fue encendido en parte por su falla de entender y respetar a sus consumidores, clientes, empleados y usuarios finales. La desesperación que alimentó el ansia de Norteamérica por un cambio y una esperanza creció y maduró en sus jardines.
Millones de norteamericanos escucharon al Presidente Electo Obama hacer eco de su frustración, su impotencia y su rabia cuando el seguro médico de su madre se negó a cubrir sus tratamientos por cáncer. Peor aún, cada uno de ellos sabe exactamente cómo se sintió. La indignación cocinada a fuego lento durante mucho tiempo es ahora la experiencia definitoria de cada consumidor de servicios de salud, hipotecas, seguros, viajes y servicios financieros, entre muchos otros.
Obama fue elegido no solamente porque muchos norteamericanos se sintieron traicionados y abandonados por su gobierno, sino también porque esa sensación finalmente convergió con la impresión de haber sido traicionados por las corporaciones de Norteamérica. Sus experiencias como consumidores y ciudadanos se unieron para crear una creciente revuelta contra el status quo – como ocurrió en la Revolución Norteamericana. Desconfíen de quienes recomiendan que todo siga igual. Este período post electoral es un punto de quiebre para la comunidad de negocios. Demanda una actitud de sobria revaloración y una disposición hacia una reinvención fundamental. Si dicha comunidad no lo hace, alguien más lo hará.
Las semillas de la Desesperación.
Mucho antes del siniestro florecimiento de esta crisis económica, nuestras empresas se habían arruinado. Un indicador de esto fue la casi completa ausencia de confianza de los norteamericanos hacia las empresas y sus líderes. Pero no siempre fue así.
Después de la Segunda Guerra Mundial y hasta casi el final de la década de los años 70, las empresas se vieron a sí mismas como parte del tejido social. A mediados de los años 50, 80% de los adultos de los Estados Unidos (EU) decían que las Grandes Empresas eran algo positivo para el país, y 76% creían que necesitaban de pocos o ningún cambio (Roper, Agosto 1954). Las empresas eran reconocidas por la creación de empleos, su efectividad como productores masivos, por el desarrollo y mejora de productos, por ser grandes contribuyentes al fisco, y por apoyar la educación (Encuesta del Centro de Investigaciones de la Universidad de Michigan, Julio de 1951).
En 1966, 55% de los estadounidenses tenían una gran confianza en los líderes de las grandes compañías (Encuesta Harris # 22, Febrero 28 de 2008). En el 2006, solamente un 5% de los norteamericanos dijeron que las corporaciones trataban bien a sus consumidores, mientras que sólo un 7% expresaron un alto grado de confianza en los líderes corporativos (Lichtman/Zogby, Mayo de 2006). En esos cuarenta años un abismo insalvable se abrió entre las corporaciones y la gente que dependía de ellas como empleados o consumidores. ¿Qué sucedió con la confianza? A diferencia del espejismo de la riqueza generada por la ingeniería financiera, ésta no se desvaneció de la noche a la mañana. Se fue desgastando, agonizando poco a poco a través de las décadas.
La gigantesca Máquina del Dinero.
Hace 30 años, las corporaciones insertas en el tejido social del período posterior a la Segunda Guerra Mundial fueron replanteadas como una gigantesca máquina de hacer dinero. Inició como algo muy inocente. Mientras que la competencia global afectaba a las industrias de los EU, muchos se preguntaron cómo lograr incrementar la productividad de los mandos medios. La idea era que las gerencias no actuaban para proteger los intereses de los accionistas y obtener las máximas ganancias. Los teóricos ofrecieron múltiples razones de por qué debería ser así, desde inercia e interés propio hasta lealtad a la comunidad, e incluso “honor”.
Una solución se impuso, eventualmente, a las otras: los mercados controlados por las corporaciones. Una nueva generación de inversionistas lideró la compra, frecuentemente hostil, de aquellas compañías cuyas acciones consideraban que estaban subvaloradas. Muchos accionistas simplemente optaron por tomar la mejor oferta. Incrementar la deuda y establecer las nuevas economías de escala combinando o reorganizando los recursos fue visto como una manera de imponer disciplina en los grupos gerenciales, reduciendo la divergencia con el objetivo de los accionistas de elevar al máximo las ganancias. Nuevas compensaciones e incentivos se añadieron a los planes de remuneración de los ejecutivos ligados al comportamiento del precio de las acciones de las empresas.
La empresa se transformó en una máquina de transacciones diseñada para obtener las mayores utilidades posibles, desligándola de su comunidad, sociedad y país. Las plazas de trabajo se trasladaron a los proveedores externos, los costos se redujeron al mínimo, y los estados financieros dependían de una creciente y misteriosa ingeniería contable. Las compras hostiles de compañías dieron paso a las fusiones. Las industrias se consolidaron, limitando las opciones de los consumidores. Volcarse hacia dentro de la empresa fue algo a lo que los mandos medios siempre fueron vulnerables, alejándolos de las necesidades de clientes y empleados. La seguridad de conservar el trabajo se debilitó, y muchas familias dependían de dos fuentes de ingresos. Una creciente mayoría de empleados deseaban mayor flexibilidad en sus trabajos de la que los patrones les otorgaban. Los padres y madres que trabajaban, especialmente estas últimas, entraron en crisis. Los clientes eran considerados anónimos y desechables.
Sí, la productividad se elevó. Pero los mecanismos existentes para compartir los beneficios se habían esfumado tras años de disminuir la recaudación fiscal a base de trucos contables y exitosas campañas corporativas de cabildeo. Por el contrario, las compensaciones ejecutivas se dispararon, así como las fortunas de una nueva clase de especialistas financieros que identificaban y facilitaban esas prácticas.
Mientras tanto, este nuevo y exitoso modelo se propagó a todas las organizaciones públicas y privadas: agencias gubernamentales, hospitales, consultorios médicos, escuelas. Si alguna vez se preguntó por qué solamente podía ver durante siete minutos a su doctor, por qué los hospitales medían sus resultados por la ocupación de camas, o por qué no podía encontrar a nadie en una oficina gubernamental que le ayudara – esa es la razón.
La pérdida de la Confianza.
Durante esas mismas décadas, los estadounidenses mejoraron su educación y se formaban una mejor opinión de las cosas. Viajaban y participaban de una nueva era de información. El acceso a la misma, la interacción y comunicación mejoraron con la Internet. Los norteamericanos cobraron conciencia de que eran individuos únicos y complejos que querían ser escuchados – a medida que las empresas de las que dependían se tornaban más despiadadas, ajenas, gigantes e impersonales. El resultado fue una epidemia de estrés y una rápida pérdida de la confianza hacia prácticamente todo tipo de organización, especialmente aquellas de las que la gente dependía en mayor medida – servicios de salud, seguros, servicios financieros, transportación, vivienda, telecomunicaciones y medios de información.
En “La Economía Sustentable: Por qué las Corporaciones le fallan a los Individuos y el Siguiente Capítulo del Capitalismo", mi coautor Jim Maxim y yo alegamos que esta erosión de la confianza determinó el fin de una etapa del capitalismo, pero sentó las bases para una nueva era de creación de riqueza. Al enfrentarse con una alternativa real, los consumidores dieron su lealtad y dinero a quienes les ofrecían relaciones confiables dirigidas a satisfacer sus complejas necesidades en vez de otorgarla a distantes adversarios que ofrecían transacciones impersonales.
El reto es cambiar la forma en que organizamos los activos y potenciar la tecnología de manera que sea posible atender necesidades individuales a un precio razonable. Hemos descrito un giro radical en las empresas a la manera de Copérnico, que ponga al consumidor en el centro del sistema solar comercial de la misma manera en que Apple con el iPod y el servicio iTunes coloca al consumidor de música en el centro de la nueva configuración de la industria musical. Esto representa oportunidades históricas para una nueva clase de competidores.
A pesar de que nuestro análisis fue aceptado en muchas partes del mundo, encontramos a las gerencias de las empresas estadounidenses obstinadamente indiferentes a la crisis de confianza. Se sentían inmunes a las consecuencias. Decían que por algo casi todos los competidores en muchas industrias operaban de la misma manera. Y mientras los consumidores carecieran de opciones reales, la urgencia por cambiar no existía. Muchos de ellos pensaban que la práctica de la Máquina de Dinero era inevitable y que no existía alternativa. También sabían que la gente está muy ocupada en otras cosas como para armar un alboroto por dichas prácticas. Finalmente, existía la creencia de que mientras los consumidores tuvieran acceso a créditos baratos y continuaran gastando no había nada de qué preocuparse.
Sí, debemos hacerlo.
Tan recientemente como este pasado verano, mientras que la economía se desmoronaba (BusinessWeek 14 de julio de 2008), viajé un par de veces a Silicon Valley con la esperanza de encontrar líderes que pudieran aprovechar la crisis relativa a la destrucción de la confianza. Me reuní con los ejecutivos de Facebook, pero estaban obsesionados con encontrar la forma de comercializar su portal con los anunciantes. Sus usuarios no eran individuos, sino “ojos”. Le pregunté a Eric Schmidt, Director Ejecutivo de Google, cómo podría desarrollar y mantener la confianza de sus usuarios. Su respuesta fue mencionar los dos tipos de acciones bursátiles creadas para aislar a la alta gerencia de las presiones de los inversionistas. Di una plática acerca de la crisis de confianza. La respuesta de la auto proclamada bufón de la corte de Internet Esther Dyson fue consistente con lo que había estado escuchando en el viaje: En lo personal, no me preocupa que la gente no confíe en las grandes instituciones.
Unas pocas semanas más tarde el pánico se apoderó del mercado bursátil. Estuve en el noticiario dominical de ABC con George Stephanopoulos, solamente para oír decir al economista Larry Summers que el sorprendente alcance de la catástrofe económica se debía a la pérdida de confianza en las instituciones. Lo que no dijo es que es se trata de un fenómeno creciente, como la acumulación de las aguas en un mar, a través de décadas enteras. La debacle económica de los créditos de alto riesgo, con el consecuente congelamiento de todo el sistema crediticio, simplemente marcaron el momento cuando el dique que contenía al mar finalmente se rompió.
Decenas de miles se reunieron en el Parque Grant al atardecer del 4 de noviembre para escuchar al Presidente Electo Barack Obama. Sus rostros lucían animados – no por la sorpresa, sino por la identificación. Sus necesidades, sus anhelos y los insultos recibidos habían sido ignorados durante un largo tiempo. Al fin había un hombre que expresaba sus experiencias comunes de haber sido traicionados y que compartía sus esperanzas de cambio. El sendero para reinventar a las Empresas Norteamericanas estaba marcado en los rostros de quienes se congregaron esa noche. Sabían exactamente lo que tiene que hacerse.
¿Podremos inventar un modelo de negocios en el cual el apoyo, la participación, la sinceridad, la confianza, y el relacionamiento se entrelacen? ¿Podemos escribir la frase anterior sin evocar temor, escepticismo, cinismo o burlonas carcajadas? Las malas prácticas que acabaron con la confianza son incomprensibles para la mayoría de la gente, estén atrapadas dentro de la máquina de dinero o en el otro extremo, donde finalizan las operaciones. Pero después de esta elección, las respuesta a estas preguntas han cambiado irremisiblemente. La respuesta de hoy podría ser no solamente “Sí se puede”, sino también “Sí, debemos hacerlo”.
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Esta columna está dedicada a los altos ejecutivos de las empresas norteamericanas cuyas políticas y prácticas de negocios ayudaron a asegurar la victoria de Barack Obama. La demanda de cambio que sonó a través del país no está limitada a nuestros nuevos Presidente y Congreso. Esa llamada también sonó para ustedes. El triunfo de Obama fue encendido en parte por su falla de entender y respetar a sus consumidores, clientes, empleados y usuarios finales. La desesperación que alimentó el ansia de Norteamérica por un cambio y una esperanza creció y maduró en sus jardines.
Millones de norteamericanos escucharon al Presidente Electo Obama hacer eco de su frustración, su impotencia y su rabia cuando el seguro médico de su madre se negó a cubrir sus tratamientos por cáncer. Peor aún, cada uno de ellos sabe exactamente cómo se sintió. La indignación cocinada a fuego lento durante mucho tiempo es ahora la experiencia definitoria de cada consumidor de servicios de salud, hipotecas, seguros, viajes y servicios financieros, entre muchos otros.
Obama fue elegido no solamente porque muchos norteamericanos se sintieron traicionados y abandonados por su gobierno, sino también porque esa sensación finalmente convergió con la impresión de haber sido traicionados por las corporaciones de Norteamérica. Sus experiencias como consumidores y ciudadanos se unieron para crear una creciente revuelta contra el status quo – como ocurrió en la Revolución Norteamericana. Desconfíen de quienes recomiendan que todo siga igual. Este período post electoral es un punto de quiebre para la comunidad de negocios. Demanda una actitud de sobria revaloración y una disposición hacia una reinvención fundamental. Si dicha comunidad no lo hace, alguien más lo hará.
Las semillas de la Desesperación.
Mucho antes del siniestro florecimiento de esta crisis económica, nuestras empresas se habían arruinado. Un indicador de esto fue la casi completa ausencia de confianza de los norteamericanos hacia las empresas y sus líderes. Pero no siempre fue así.
Después de la Segunda Guerra Mundial y hasta casi el final de la década de los años 70, las empresas se vieron a sí mismas como parte del tejido social. A mediados de los años 50, 80% de los adultos de los Estados Unidos (EU) decían que las Grandes Empresas eran algo positivo para el país, y 76% creían que necesitaban de pocos o ningún cambio (Roper, Agosto 1954). Las empresas eran reconocidas por la creación de empleos, su efectividad como productores masivos, por el desarrollo y mejora de productos, por ser grandes contribuyentes al fisco, y por apoyar la educación (Encuesta del Centro de Investigaciones de la Universidad de Michigan, Julio de 1951).
En 1966, 55% de los estadounidenses tenían una gran confianza en los líderes de las grandes compañías (Encuesta Harris # 22, Febrero 28 de 2008). En el 2006, solamente un 5% de los norteamericanos dijeron que las corporaciones trataban bien a sus consumidores, mientras que sólo un 7% expresaron un alto grado de confianza en los líderes corporativos (Lichtman/Zogby, Mayo de 2006). En esos cuarenta años un abismo insalvable se abrió entre las corporaciones y la gente que dependía de ellas como empleados o consumidores. ¿Qué sucedió con la confianza? A diferencia del espejismo de la riqueza generada por la ingeniería financiera, ésta no se desvaneció de la noche a la mañana. Se fue desgastando, agonizando poco a poco a través de las décadas.
La gigantesca Máquina del Dinero.
Hace 30 años, las corporaciones insertas en el tejido social del período posterior a la Segunda Guerra Mundial fueron replanteadas como una gigantesca máquina de hacer dinero. Inició como algo muy inocente. Mientras que la competencia global afectaba a las industrias de los EU, muchos se preguntaron cómo lograr incrementar la productividad de los mandos medios. La idea era que las gerencias no actuaban para proteger los intereses de los accionistas y obtener las máximas ganancias. Los teóricos ofrecieron múltiples razones de por qué debería ser así, desde inercia e interés propio hasta lealtad a la comunidad, e incluso “honor”.
Una solución se impuso, eventualmente, a las otras: los mercados controlados por las corporaciones. Una nueva generación de inversionistas lideró la compra, frecuentemente hostil, de aquellas compañías cuyas acciones consideraban que estaban subvaloradas. Muchos accionistas simplemente optaron por tomar la mejor oferta. Incrementar la deuda y establecer las nuevas economías de escala combinando o reorganizando los recursos fue visto como una manera de imponer disciplina en los grupos gerenciales, reduciendo la divergencia con el objetivo de los accionistas de elevar al máximo las ganancias. Nuevas compensaciones e incentivos se añadieron a los planes de remuneración de los ejecutivos ligados al comportamiento del precio de las acciones de las empresas.
La empresa se transformó en una máquina de transacciones diseñada para obtener las mayores utilidades posibles, desligándola de su comunidad, sociedad y país. Las plazas de trabajo se trasladaron a los proveedores externos, los costos se redujeron al mínimo, y los estados financieros dependían de una creciente y misteriosa ingeniería contable. Las compras hostiles de compañías dieron paso a las fusiones. Las industrias se consolidaron, limitando las opciones de los consumidores. Volcarse hacia dentro de la empresa fue algo a lo que los mandos medios siempre fueron vulnerables, alejándolos de las necesidades de clientes y empleados. La seguridad de conservar el trabajo se debilitó, y muchas familias dependían de dos fuentes de ingresos. Una creciente mayoría de empleados deseaban mayor flexibilidad en sus trabajos de la que los patrones les otorgaban. Los padres y madres que trabajaban, especialmente estas últimas, entraron en crisis. Los clientes eran considerados anónimos y desechables.
Sí, la productividad se elevó. Pero los mecanismos existentes para compartir los beneficios se habían esfumado tras años de disminuir la recaudación fiscal a base de trucos contables y exitosas campañas corporativas de cabildeo. Por el contrario, las compensaciones ejecutivas se dispararon, así como las fortunas de una nueva clase de especialistas financieros que identificaban y facilitaban esas prácticas.
Mientras tanto, este nuevo y exitoso modelo se propagó a todas las organizaciones públicas y privadas: agencias gubernamentales, hospitales, consultorios médicos, escuelas. Si alguna vez se preguntó por qué solamente podía ver durante siete minutos a su doctor, por qué los hospitales medían sus resultados por la ocupación de camas, o por qué no podía encontrar a nadie en una oficina gubernamental que le ayudara – esa es la razón.
La pérdida de la Confianza.
Durante esas mismas décadas, los estadounidenses mejoraron su educación y se formaban una mejor opinión de las cosas. Viajaban y participaban de una nueva era de información. El acceso a la misma, la interacción y comunicación mejoraron con la Internet. Los norteamericanos cobraron conciencia de que eran individuos únicos y complejos que querían ser escuchados – a medida que las empresas de las que dependían se tornaban más despiadadas, ajenas, gigantes e impersonales. El resultado fue una epidemia de estrés y una rápida pérdida de la confianza hacia prácticamente todo tipo de organización, especialmente aquellas de las que la gente dependía en mayor medida – servicios de salud, seguros, servicios financieros, transportación, vivienda, telecomunicaciones y medios de información.
En “La Economía Sustentable: Por qué las Corporaciones le fallan a los Individuos y el Siguiente Capítulo del Capitalismo", mi coautor Jim Maxim y yo alegamos que esta erosión de la confianza determinó el fin de una etapa del capitalismo, pero sentó las bases para una nueva era de creación de riqueza. Al enfrentarse con una alternativa real, los consumidores dieron su lealtad y dinero a quienes les ofrecían relaciones confiables dirigidas a satisfacer sus complejas necesidades en vez de otorgarla a distantes adversarios que ofrecían transacciones impersonales.
El reto es cambiar la forma en que organizamos los activos y potenciar la tecnología de manera que sea posible atender necesidades individuales a un precio razonable. Hemos descrito un giro radical en las empresas a la manera de Copérnico, que ponga al consumidor en el centro del sistema solar comercial de la misma manera en que Apple con el iPod y el servicio iTunes coloca al consumidor de música en el centro de la nueva configuración de la industria musical. Esto representa oportunidades históricas para una nueva clase de competidores.
A pesar de que nuestro análisis fue aceptado en muchas partes del mundo, encontramos a las gerencias de las empresas estadounidenses obstinadamente indiferentes a la crisis de confianza. Se sentían inmunes a las consecuencias. Decían que por algo casi todos los competidores en muchas industrias operaban de la misma manera. Y mientras los consumidores carecieran de opciones reales, la urgencia por cambiar no existía. Muchos de ellos pensaban que la práctica de la Máquina de Dinero era inevitable y que no existía alternativa. También sabían que la gente está muy ocupada en otras cosas como para armar un alboroto por dichas prácticas. Finalmente, existía la creencia de que mientras los consumidores tuvieran acceso a créditos baratos y continuaran gastando no había nada de qué preocuparse.
Sí, debemos hacerlo.
Tan recientemente como este pasado verano, mientras que la economía se desmoronaba (BusinessWeek 14 de julio de 2008), viajé un par de veces a Silicon Valley con la esperanza de encontrar líderes que pudieran aprovechar la crisis relativa a la destrucción de la confianza. Me reuní con los ejecutivos de Facebook, pero estaban obsesionados con encontrar la forma de comercializar su portal con los anunciantes. Sus usuarios no eran individuos, sino “ojos”. Le pregunté a Eric Schmidt, Director Ejecutivo de Google, cómo podría desarrollar y mantener la confianza de sus usuarios. Su respuesta fue mencionar los dos tipos de acciones bursátiles creadas para aislar a la alta gerencia de las presiones de los inversionistas. Di una plática acerca de la crisis de confianza. La respuesta de la auto proclamada bufón de la corte de Internet Esther Dyson fue consistente con lo que había estado escuchando en el viaje: En lo personal, no me preocupa que la gente no confíe en las grandes instituciones.
Unas pocas semanas más tarde el pánico se apoderó del mercado bursátil. Estuve en el noticiario dominical de ABC con George Stephanopoulos, solamente para oír decir al economista Larry Summers que el sorprendente alcance de la catástrofe económica se debía a la pérdida de confianza en las instituciones. Lo que no dijo es que es se trata de un fenómeno creciente, como la acumulación de las aguas en un mar, a través de décadas enteras. La debacle económica de los créditos de alto riesgo, con el consecuente congelamiento de todo el sistema crediticio, simplemente marcaron el momento cuando el dique que contenía al mar finalmente se rompió.
Decenas de miles se reunieron en el Parque Grant al atardecer del 4 de noviembre para escuchar al Presidente Electo Barack Obama. Sus rostros lucían animados – no por la sorpresa, sino por la identificación. Sus necesidades, sus anhelos y los insultos recibidos habían sido ignorados durante un largo tiempo. Al fin había un hombre que expresaba sus experiencias comunes de haber sido traicionados y que compartía sus esperanzas de cambio. El sendero para reinventar a las Empresas Norteamericanas estaba marcado en los rostros de quienes se congregaron esa noche. Sabían exactamente lo que tiene que hacerse.
¿Podremos inventar un modelo de negocios en el cual el apoyo, la participación, la sinceridad, la confianza, y el relacionamiento se entrelacen? ¿Podemos escribir la frase anterior sin evocar temor, escepticismo, cinismo o burlonas carcajadas? Las malas prácticas que acabaron con la confianza son incomprensibles para la mayoría de la gente, estén atrapadas dentro de la máquina de dinero o en el otro extremo, donde finalizan las operaciones. Pero después de esta elección, las respuesta a estas preguntas han cambiado irremisiblemente. La respuesta de hoy podría ser no solamente “Sí se puede”, sino también “Sí, debemos hacerlo”.
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viernes, octubre 10, 2008
EU estatiza bancos
El tamaño de la crisis lo demandaba y justifica: Estados Unidos comprará (estatizará de facto) bancos de todos los colores, tamaños y sabores.
La coctelera mezcló especulación, lucro desmedido, "autoregulación" y prácticas financieras riesgosas y cuestionables. ¿El resultado? Un cocktail enloquecedor, que al ser apurado produjo una licenciosa borrachera de la que hoy el mundo está despertando con una cruda con pocos precedentes en su magnitud y ninguno en sus causas.
En los hechos, Estados Unidos está confirmando el coro de voces que grita: "nos equivocamos, el modelito (económico) no funcionó y debemos cambiarlo". Comprará bancos a diestra y siniestra, no porque lo quiera hacer, sino debido a que muchos harán cola para ser rescatados.
Es hora que el gobierno mexicano haga un replantamiento del esquema económico. No podemos seguirle apostando al caballo perdedor. Es su deber y obligación, y no hacerlo deberá tener consecuencias políticas y legales.
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La coctelera mezcló especulación, lucro desmedido, "autoregulación" y prácticas financieras riesgosas y cuestionables. ¿El resultado? Un cocktail enloquecedor, que al ser apurado produjo una licenciosa borrachera de la que hoy el mundo está despertando con una cruda con pocos precedentes en su magnitud y ninguno en sus causas.
En los hechos, Estados Unidos está confirmando el coro de voces que grita: "nos equivocamos, el modelito (económico) no funcionó y debemos cambiarlo". Comprará bancos a diestra y siniestra, no porque lo quiera hacer, sino debido a que muchos harán cola para ser rescatados.
Es hora que el gobierno mexicano haga un replantamiento del esquema económico. No podemos seguirle apostando al caballo perdedor. Es su deber y obligación, y no hacerlo deberá tener consecuencias políticas y legales.
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La misma cantaleta con Calderón
Estimado lector: ¿Le parece que a partir de esta semana su vida empeorará en lo económico? ¿Le parece que la forma en que se lleva la economía del país, y del mundo, no es la correcta? ¿Será más difícil celebrar tranquilamente las fiestas de fin de año? ¿Considera que las cosas deben de cambiar para mejorar?
Pues si contestó afirmativamente a una de las preguntas anteriores, le informo que el gobierno mexicano NO está de acuerdo con usted. Vea lo que hoy están declarando los funcionarios públicos:
Lorenza Martínez, Subsecretaria de Industria y Comercio de la Secretaría de Economía. El Universal.
Gustavo Madero, panista presidente de la Mesa Directiva del Senado. El Universal.
No es broma, proponen profundizar y darle continuidad al modelo que está quebrando las finanzas del mundo entero; ir a contrapelo de lo que gobiernos como los de Estados Unidos, Gran Bretaña e Islandia, están haciendo para controlar el monstruoso caos producido por la desregulación económica; ignorar los llamados a cambiar un modelo económico que no funcionó, como los que han proferido en esta semana el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el G-7.
¿Confía usted en ellos, en que nos sacarán de esta crisis mundial dándonos más de lo mismo?
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Pues si contestó afirmativamente a una de las preguntas anteriores, le informo que el gobierno mexicano NO está de acuerdo con usted. Vea lo que hoy están declarando los funcionarios públicos:
... (debido a la crisis económica) la tarea de desregulación y disminución de tramitología cobra un carácter "urgente".
Lorenza Martínez, Subsecretaria de Industria y Comercio de la Secretaría de Economía. El Universal.
... la crisis financiera mundial puede ser un buen acicate para sacar adelante las reformas en materia energética.
Gustavo Madero, panista presidente de la Mesa Directiva del Senado. El Universal.
No es broma, proponen profundizar y darle continuidad al modelo que está quebrando las finanzas del mundo entero; ir a contrapelo de lo que gobiernos como los de Estados Unidos, Gran Bretaña e Islandia, están haciendo para controlar el monstruoso caos producido por la desregulación económica; ignorar los llamados a cambiar un modelo económico que no funcionó, como los que han proferido en esta semana el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el G-7.
¿Confía usted en ellos, en que nos sacarán de esta crisis mundial dándonos más de lo mismo?
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miércoles, octubre 08, 2008
¡Calderón: Es el caballo!
Bueno, ni para vergüenzas gana uno. Voces de todos lados, desde el Banco Mundial hasta los "necios" de siempre, gritan que el actual modelo económico no funciona. ¿Pues adivinen qué?
El Sr. Calderón pugna por meternos más al hoyo de la desregulación, la misma que está sumiendo al mundo en una magna crisis económica. ¿No me creen? Lean lo que declaró:
A ver, a ver, a ver. ¿Qué parte no ha entendido el Sr. Calderón de "el modelo ya no funciona"?
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El Sr. Calderón pugna por meternos más al hoyo de la desregulación, la misma que está sumiendo al mundo en una magna crisis económica. ¿No me creen? Lean lo que declaró:
... avanzar cada vez más aprisa en el proceso de desregulación económica ...
A ver, a ver, a ver. ¿Qué parte no ha entendido el Sr. Calderón de "el modelo ya no funciona"?
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Hasta las calabazas

Ahumada. La Jornada.
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De bajada, hasta las calabazas ruedan. Espero que la turbulencia dé para cambiar el modelito económico que tan buenos resultados ha dado ... para los megaespeculadores.
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De bajada, hasta las calabazas ruedan. Espero que la turbulencia dé para cambiar el modelito económico que tan buenos resultados ha dado ... para los megaespeculadores.
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¿Qué nos falta?

El Fisgón. La Jornada.
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¡Bueeeennniiii!! (¿Esto lo decía Mafalda?) Pues abróchense los cinturones, así será más fácil recuperar los cadáveres.
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¡Bueeeennniiii!! (¿Esto lo decía Mafalda?) Pues abróchense los cinturones, así será más fácil recuperar los cadáveres.
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martes, octubre 07, 2008
¡Es el caballo, estúpido!
¡Ah, el placer de no haberse equivocado!
Desde hace muchos años un grupo de desadaptados, emisarios del pasado, populistas, miembros del "círculo rojo", entreguistas e ignorantes, hemos venido diciendo que el neoliberalismo era un engendro que llevaría al mundo a la ruina económica.
Pues bien, Robert B. Zoellick, presidente del Banco Mundial, nos ha reivindicado a toda la bola de mafufos que gritábamos "¡Es el caballo, estúpido!".
El Sr. Zoellick declaró que:
Desde los lejanos tiempos en que las eminencias de México decían que no había que cambiar de caballo, sino de jinete, refiriéndose al modelo económico que nos impusieron, mucha agua ha pasado bajo el puente, llevándose nuestra precaria riqueza. Hoy somos más pobres que cuando Carlos Salinas de Gortari usurpó la presidencia de México; cuando el sistema se le cayó (o calló) a Bartlett; cuando el sistema político nacional se derrumbó e intentaron sustiruirlo con la panacea de un sistema económico omnipotente.
El Sr. Zoellick dice que el G-7 (Estados Unidos, Canadá, Japón, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania) reprobó conduciendo los destinos económicos del planeta. Por tal motivo, propone:
Pero nada importa, puedo dormir tranquilo, pues los necios, ignaros, heraldos del desastre y revisionistas hemos sido reivindicados. ¡Gracias Sr. Zoellick!
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Desde hace muchos años un grupo de desadaptados, emisarios del pasado, populistas, miembros del "círculo rojo", entreguistas e ignorantes, hemos venido diciendo que el neoliberalismo era un engendro que llevaría al mundo a la ruina económica.
Pues bien, Robert B. Zoellick, presidente del Banco Mundial, nos ha reivindicado a toda la bola de mafufos que gritábamos "¡Es el caballo, estúpido!".
El Sr. Zoellick declaró que:
El sistema multilateral vigente “ya no funciona”
Desde los lejanos tiempos en que las eminencias de México decían que no había que cambiar de caballo, sino de jinete, refiriéndose al modelo económico que nos impusieron, mucha agua ha pasado bajo el puente, llevándose nuestra precaria riqueza. Hoy somos más pobres que cuando Carlos Salinas de Gortari usurpó la presidencia de México; cuando el sistema se le cayó (o calló) a Bartlett; cuando el sistema político nacional se derrumbó e intentaron sustiruirlo con la panacea de un sistema económico omnipotente.
El Sr. Zoellick dice que el G-7 (Estados Unidos, Canadá, Japón, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania) reprobó conduciendo los destinos económicos del planeta. Por tal motivo, propone:
- Reforzar las "Ligas Mayores" con las "Ligas Menores", incorporando al BRIC (Brasil, Rusia, India y China), Arabia Saudita, México y Sudáfrica a un comité mundial para levantar los pedazos de lo que quede de la economía mundial y darle pa'lante.
- Hacer un "Facebook (sic, resic y recontrasic) para la diplomacia económica multilateral".
- Reformar el Banco Mundial bajo la dirigencia del insigne, ínclito, brillante, nunca bien ponderado, lumbrera, luminaria, luz de la sabiduría, defensor de los que no traen "cash", el de la cerveza mimetizada como sidral, el que quitó los alfileres, el paladín de los pobres (y más de los ricos), el ungido por el videodedazo, el Doctor, el único, el patriota, el incomparable ... ¡Eeeeernneeeesssstttooooooo Zeeeeeediiiiiiiiiiiiiiiiilloooooooooooooooooo!
Pero nada importa, puedo dormir tranquilo, pues los necios, ignaros, heraldos del desastre y revisionistas hemos sido reivindicados. ¡Gracias Sr. Zoellick!
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martes, septiembre 23, 2008
El verdadero enemigo de México
La tesis dominante en el gobierno de México, de que la economía está sobre todo lo demás, es una falacia.
Una falacia impuesta desde los años del gobierno de Miguel de la Madrid y que ha sido la bandera de todos y cada uno de los presidentes mexicanos desde entonces: Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, y ahora, Felipe Calderón.
Una falacia que lleva 26 años debilitando al Estado y empobreciendo a México.
Si bien Calderón ha mimetizado esta falacia, con el espectacular argumento de que el crimen organizado es el enemigo número uno del país, en el fondo es más de lo mismo. El verdadero enemigo de México es, justamente, dicha tesis falaz.
Esta es la opinión de Carlos Montemayor, y me suscribo a ella.
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Una falacia impuesta desde los años del gobierno de Miguel de la Madrid y que ha sido la bandera de todos y cada uno de los presidentes mexicanos desde entonces: Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, y ahora, Felipe Calderón.
Una falacia que lleva 26 años debilitando al Estado y empobreciendo a México.
Si bien Calderón ha mimetizado esta falacia, con el espectacular argumento de que el crimen organizado es el enemigo número uno del país, en el fondo es más de lo mismo. El verdadero enemigo de México es, justamente, dicha tesis falaz.
El Estado mexicano se está desmantelando por su sometimiento a la globalización económica irracional, no por el narcotráfico. Es un Estado debilitado por el neoliberalismo, con una población cada vez más empobrecida, con un gobierno cada vez más inepto y vulnerable y de gran docilidad y fidelidad a los intereses de los grandes consorcios. El narcotráfico no es el enemigo mortal del país, sino los consorcios trasnacionales, la extranjerización de nuestra economía en servicios bancarios y financieros, en el comercio, en productos agrícolas y en el sector de la energía. Hablar de narco-Estado equivale a olvidar la postración económica a que nos han llevado el desmantelamiento de la empresa pública y el repliegue del Estado en la rectoría de la economía nacional.
Esta es la opinión de Carlos Montemayor, y me suscribo a ella.
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