No soy afecto a creer en conspiraciones, pero reconozco el poder de las cofradías.
En lo que sí creo es en la peligrosidad de los ruines, de la codicia desmedida; en la deshumanización de quienes pregonan el sacrificio de muchos para el "bien común", que no es otra cosa que el beneficio de unos pocos. También creo en las ideologías, hoy tan desdoradas por quienes han decretado su muerte con la simple intención de que sólo la suya prevalezca. Una suerte de absolutismo por el que, ahora resulta, debemos de darles las gracias. Una auténtica "revolución de los ricos", como lo afirman y explican Carlos Tello y Jorge Ibarra en su libro (La revolución de los ricos, UNAM, 2012). Una revolución triunfante, soterrada, casi una guerrilla. Una revolución en donde se buscaba, y se ha logrado, la extinción del Estado de Bienestar de la posguerra de mitades del siglo pasado. Una revolución gestada en Suiza, que dio origen a la Mont Pelerin Society (cabeza de playa de los ricos revolucionarios revisionistas del liberalismo económico), creció en las aulas de la Universidad de Chicago, y tuvo su exitoso debut en sociedad con el otorgamiento de varios premios Nobel de Economía: 19 en 25 años. Dato curioso, el Nobel de Economía no fue creado, ni es entregado, por la Fundación Nobel, sino por el Banco Central de Suecia desde 1968. Y como es un premio a la memoria de Alfred Nobel, se apropiaron del nombre.
La doctrina conocida como neoliberalismo, se sustenta en las teorías económicas neoclásicas de finales del siglo XIX. Su propagación fue auspiciada por la Mont Pelerin Society a través de personajes como Friederich A. Hayek, Milton Friedman y Francis Fukuyama. Esa simiente se dispersó por todo el mundo. En el caso de México, cayó en terreno fértil en el ITAM, el ITESM y la UIA. En el gobierno mexicano la polinización se logró incorporando a personajes como Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe, Luis Téllez, Francisco Gil Díaz, Ernesto Zedillo Ponce de León, Agustín Carstens, José Ángel Gurría y Jaime Serra Puche, entre muchos otros. En el medio empresarial mexicano, el buque insignia es el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que agrupa a CONCANACO, CONCAMIN, ANTAR, CANACINTRA, COPARMEX y diversas asociaciones financieras de bancos, seguros y casas de bolsa, entre otras organizaciones.
A nivel mundial, el neoliberalismo llevó al poder, y llegó al poder, con Margaret Tatcher, Augusto Pinochet, Ronald Reagan, Carlos Menem, Alberto Fujimori y un largo etcétera. Los mismísimos Karol Wojtyla (Juan Pablo II), Lech Walesa (líder del sindicato polaco Solidarnosc (Solidaridad)), Boris Yeltsin y Mijaíl Gorbachov sirvieron y se sirvieron del neoliberalismo, contribuyendo a la caída del Muro de Berlín y a la eliminación de contrapesos en el ajedrez geopolítico-económico mundial.
Como podemos ver en este apretado e incompleto resumen, la situación actual no es azarosa, no surgió de la noche a la mañana. La Revolución de los Ricos se ha venido haciendo durante décadas, y hoy campea triunfante sobre la pauperizada población mundial. No es tampoco un complot, una conjura, es una ideología que ha sabido demoler a la oposición, que ha sometido hasta la ignominia a las otras ideologías, borrándolas de la faz del orbe. Es una doctrina que ha avanzado montada en el absolutismo, la tiranía, el totalitarismo. Es una conjunto de verdades a medias que han tejido una gran mentira repetida hasta el cansancio por muchos, alentada por pocos y aceptada por todos: productividad, pleno empleo, máxima utilidad, modernización, apertura, libre mercado auto regulado, adelgazamiento del estado, individualización, consumo.
Goebbels revisitado, revisado y actualizado.
Espacio para hablar de todo, o casi, sin ser Experto de Nada. Son bienvenidos todos los comentarios.
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martes, agosto 20, 2013
Goebbels revisitado
miércoles, febrero 27, 2013
El festín - La caída de Gordillo
Tantos agravios recibimos a diario que ver caer a una poderosa miembro de la mafia que dirige al país es motivo de júbilo.
Indefendible como lo es, Elba Esther Gordillo usó y abusó del poder que el sistema mismo le dio a través del inefable Carlos Salinas de Gortari. Altiva, aunque disciplinada, le sirvió, y se sirvió de él. Luego vinieron tiempos convulsos cuando Salinas desmanteló la estructura que sustentó durante décadas a los gobiernos en turno. Le pegó al sindicalismo, a los empresarios, a las cúpulas, al corporativismo, y sin duda, al pueblo mexicano. No dejó títere con cabeza. Como decía la maravillosa Mafalda: el problema no es quebrar el sistema, es saber qué hacer con los pedazos. Y Salinas no lo supo en su totalidad.
De esta manera se gestaron el asesinato de Colosio, el levantamiento zapatista y el Error de Diciembre. Por si fuera poco, los afanes neoliberalistas del "grupo compacto" de Los Pinos agravió a muchos, incluidos los priístas de cepa y prosapia.
Todo lo anterior pavimentó el camino para el arribo al poder de un tecnócrata gris: Ernesto Zedillo Ponce de León. Ahí empezó la llamada "Pobresora" (por su ostentoso y ultrajante enriquecimiento ilícito) a saltarse las trancas. Jugó en diferentes equipos y para sus propios fines: apoyó según le convenía al propio Zedillo, luego manipuló impúdicamente al lenguaraz Vicente Fox así como a su fusco sucesor Felipe Calderón. Hizo y deshizo de haciendas propias y ajenas, se convirtió en una auténtica cacique de caricatura mientras amasaba un inmenso poder y una indecente fortuna.
En las elecciones del 2012 coqueteó con Tirios y Troyanos, veleidosa su pretendida lealtad. Extorsionó a cuantos pudo. Y ahora paga el precio. Se enfrentó, tal vez de dientes para afuera, con Enrique Peña Nieto. Amenazó, pataleó, aulló, maldijo. Nada le sirvió. O quizá por eso mismo escribió su epitafio, no el que ella quería en donde se le recordara como guerrera, sino como el que la retrata de cuerpo completo: una mafiosa, una gángster.
No hay nada de justicia en su aprehensión, sólo el uso faccioso de la justicia y el poder. No es una reconocimiento al Estado de Derecho, sino todo lo contrario. No obstante, los de a pie hemos festejado su caída, simplemente porque tanto cinismo de la lideresa lo justificaba. Difícilmente algo cambiará para bien, por el contrario, las arenas movedizas se han tragado a un oscuro ente que servirá de piso para el que venga, o la que venga.
Pero Peña Nieto obtendrá pingües dividendos de su proceder: ya las escalinatas de la Ex Hacienda de La Hormiga se han llenado de babas, de acuerdo a la Cuarta Ley de Newton: todo cuerpo que se arrastra tiende a subir. Los zalameros han iniciado las loas al novel presidente, calificándolo de valiente, de mano firme, de cruzado en contra de la corrupción sindical. Eso le dará cierto margen de maniobra para culminar los sueños neoliberales: privatizar PEMEX y el petróleo mexicano (a despecho de todos los eufemismos que esgrimen para intentar convencernos de que no será así), así como aumentar el IVA, además de aplicarlo a alimentos y medicinas, para tapar el hoyo fiscal que dejará la empresa petrolera mexicana al pasar a manos privadas.
En el fondo, más allá de la catarsis por el escarnio público de un personaje tan nefando, no hay nada que celebrar.
Indefendible como lo es, Elba Esther Gordillo usó y abusó del poder que el sistema mismo le dio a través del inefable Carlos Salinas de Gortari. Altiva, aunque disciplinada, le sirvió, y se sirvió de él. Luego vinieron tiempos convulsos cuando Salinas desmanteló la estructura que sustentó durante décadas a los gobiernos en turno. Le pegó al sindicalismo, a los empresarios, a las cúpulas, al corporativismo, y sin duda, al pueblo mexicano. No dejó títere con cabeza. Como decía la maravillosa Mafalda: el problema no es quebrar el sistema, es saber qué hacer con los pedazos. Y Salinas no lo supo en su totalidad.
De esta manera se gestaron el asesinato de Colosio, el levantamiento zapatista y el Error de Diciembre. Por si fuera poco, los afanes neoliberalistas del "grupo compacto" de Los Pinos agravió a muchos, incluidos los priístas de cepa y prosapia.
Todo lo anterior pavimentó el camino para el arribo al poder de un tecnócrata gris: Ernesto Zedillo Ponce de León. Ahí empezó la llamada "Pobresora" (por su ostentoso y ultrajante enriquecimiento ilícito) a saltarse las trancas. Jugó en diferentes equipos y para sus propios fines: apoyó según le convenía al propio Zedillo, luego manipuló impúdicamente al lenguaraz Vicente Fox así como a su fusco sucesor Felipe Calderón. Hizo y deshizo de haciendas propias y ajenas, se convirtió en una auténtica cacique de caricatura mientras amasaba un inmenso poder y una indecente fortuna.
En las elecciones del 2012 coqueteó con Tirios y Troyanos, veleidosa su pretendida lealtad. Extorsionó a cuantos pudo. Y ahora paga el precio. Se enfrentó, tal vez de dientes para afuera, con Enrique Peña Nieto. Amenazó, pataleó, aulló, maldijo. Nada le sirvió. O quizá por eso mismo escribió su epitafio, no el que ella quería en donde se le recordara como guerrera, sino como el que la retrata de cuerpo completo: una mafiosa, una gángster.
No hay nada de justicia en su aprehensión, sólo el uso faccioso de la justicia y el poder. No es una reconocimiento al Estado de Derecho, sino todo lo contrario. No obstante, los de a pie hemos festejado su caída, simplemente porque tanto cinismo de la lideresa lo justificaba. Difícilmente algo cambiará para bien, por el contrario, las arenas movedizas se han tragado a un oscuro ente que servirá de piso para el que venga, o la que venga.
Pero Peña Nieto obtendrá pingües dividendos de su proceder: ya las escalinatas de la Ex Hacienda de La Hormiga se han llenado de babas, de acuerdo a la Cuarta Ley de Newton: todo cuerpo que se arrastra tiende a subir. Los zalameros han iniciado las loas al novel presidente, calificándolo de valiente, de mano firme, de cruzado en contra de la corrupción sindical. Eso le dará cierto margen de maniobra para culminar los sueños neoliberales: privatizar PEMEX y el petróleo mexicano (a despecho de todos los eufemismos que esgrimen para intentar convencernos de que no será así), así como aumentar el IVA, además de aplicarlo a alimentos y medicinas, para tapar el hoyo fiscal que dejará la empresa petrolera mexicana al pasar a manos privadas.
En el fondo, más allá de la catarsis por el escarnio público de un personaje tan nefando, no hay nada que celebrar.
martes, enero 08, 2013
Se reciben mentadas de madre
¿En qué íbamos? ¡Ah, sí! Se reciben mentadas de madre en este blog. ¿Porqué? Lean lo que sigue.
La mañana del 1ero de enero de 1994 la recibí con gran sorpresa, pues me enteré de que el movimiento zapatista, hasta entonces desconocido para muchos de nosotros, se había presentado al mundo. Pero el mal que me distingue (mi escepticismo suicida), de inmediato me cuchicheo al oído. El tiempo me ha dado algo de razón.
La enorme dignidad de los pueblos originarios, especialmente de los de Chiapas, ha puesto sobre la mesa su situación: siglos de opresión y desdén. Pero hay nexos del movimiento zapatista que aún no acabo de comprender (a pesar de todo, bendigo a mi infinita ignorancia que me permite, todos los días, aprender algo nuevo): Adolfo Orive y sus ligas con Luis Téllez, los Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Elba Esther Gordillo y Francisco Hernández Juárez, entre las más cuestionables; el Ejido de Batopilas en Coahuila y la época maoísta de Raúl y Carlos Salinas de Gortari (sí, leyeron bien, no estoy pacheco); Samuel Ruiz y su papel en la comarca Lagunera a mediados de los 70; el Grupo Torreón (Hugo Andrés Araujo, Salvador Hernández Vélez, y, otra vez, Raúl y Carlos Salinas, entre otros); Alberto Anaya (fundador del Partido del Trabajo). ¿Y qué decir del inefable Subcomandante Marcos? Su prosa recargada y afectada siempre me ha producido urticaria, sin tomar en cuenta que su familia siempre ha tenido un pie en la puerta del poder (su hermana es Paloma Guillén Vicente, subsecretaria de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, a cargo de Miguel Ángel Osorio Chong, a su vez designado por Enrique Peña Nieto).
De esta manera, me cuesta mucho trabajo distinguir las diferentes clases de membresías que el EZLN tiene, desde los genuinos simpatizantes de las causas legítimas de los pueblos originarios, hasta los esquiroles incrustados en sus bases y dirigencia, pasando por los heroicos defensores de Derechos Humanos que se han agregado de buena fe y mejor actuar.
Finalizo con una duda, que al parecer es más un nebuloso sueño que una descarnada realidad. Recuerdo que, hace muchos años, leí que Marcos también había surgido de la aventura maoísta de Orive y los Salinas en Batopilas, pero por más que he buscado no encuentro la referencia. ¿Alguien me puede ayudar antes de mentarme la madre?
La mañana del 1ero de enero de 1994 la recibí con gran sorpresa, pues me enteré de que el movimiento zapatista, hasta entonces desconocido para muchos de nosotros, se había presentado al mundo. Pero el mal que me distingue (mi escepticismo suicida), de inmediato me cuchicheo al oído. El tiempo me ha dado algo de razón.
La enorme dignidad de los pueblos originarios, especialmente de los de Chiapas, ha puesto sobre la mesa su situación: siglos de opresión y desdén. Pero hay nexos del movimiento zapatista que aún no acabo de comprender (a pesar de todo, bendigo a mi infinita ignorancia que me permite, todos los días, aprender algo nuevo): Adolfo Orive y sus ligas con Luis Téllez, los Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Elba Esther Gordillo y Francisco Hernández Juárez, entre las más cuestionables; el Ejido de Batopilas en Coahuila y la época maoísta de Raúl y Carlos Salinas de Gortari (sí, leyeron bien, no estoy pacheco); Samuel Ruiz y su papel en la comarca Lagunera a mediados de los 70; el Grupo Torreón (Hugo Andrés Araujo, Salvador Hernández Vélez, y, otra vez, Raúl y Carlos Salinas, entre otros); Alberto Anaya (fundador del Partido del Trabajo). ¿Y qué decir del inefable Subcomandante Marcos? Su prosa recargada y afectada siempre me ha producido urticaria, sin tomar en cuenta que su familia siempre ha tenido un pie en la puerta del poder (su hermana es Paloma Guillén Vicente, subsecretaria de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, a cargo de Miguel Ángel Osorio Chong, a su vez designado por Enrique Peña Nieto).
De esta manera, me cuesta mucho trabajo distinguir las diferentes clases de membresías que el EZLN tiene, desde los genuinos simpatizantes de las causas legítimas de los pueblos originarios, hasta los esquiroles incrustados en sus bases y dirigencia, pasando por los heroicos defensores de Derechos Humanos que se han agregado de buena fe y mejor actuar.
Finalizo con una duda, que al parecer es más un nebuloso sueño que una descarnada realidad. Recuerdo que, hace muchos años, leí que Marcos también había surgido de la aventura maoísta de Orive y los Salinas en Batopilas, pero por más que he buscado no encuentro la referencia. ¿Alguien me puede ayudar antes de mentarme la madre?
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