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lunes, mayo 21, 2012

Tlatelolco, solamente un poco

Hoy la herida sanó un poco, solamente un poco. Los estudiantes volvieron masivamente a Tlatelolco, la ciudad que gobernó Cuauhtémoc antes de ser ungido tlatoani mexica.

Tlatelolco: los montículos de tierra que se tiñeron de rojo en 1521 cuando cayó en manos de los españoles; los montículos de arena que, nuevamente, se volvieron carmesí en 1968 con la sangre de modernos guerreros, púberes muchos, jóvenes, valientes, vitales. Sus terrazas revivieron al paso de miles de pies que, como tambores, hicieron temblar sus pirámides, los altares dedicados a Ehécatl-Quetzalcóatl; El Palacio, el Templo de las Pinturas, a sus amantes, los altares Tzompantli Norte y Sur, la Iglesia de Santiago; a la Plaza de las Tres Culturas, toda, íntegra. Los jóvenes, nuestros jóvenes, fueron al encuentro de su destino nuevamente, menos funesto que hace casi 44 años, más esperanzador. El futuro.

Juguetones arroyos de gente, multicolores, serpentearon nuevamente por Tlatelolco. La gente los vio pasar nuevamente y recordaron, con un temblor, su andar hace más de cuatro décadas. Las mismas sonrisas, los mismos juegos, las mismas ilusiones que acompañaron a los caídos resucitaron para arropar e impulsar a esta nueva inyección de savia; los que se salvaron, (salvados entre comillas pues debieron sufrir el horror de las cárceles, las torturas, o simplemente, la culpa de haber quedado vivos), prestaron su utopía a esta nueva generación sin guardar rencor a las que poco hicimos por reivindicar su lucha.

Tlatelolco. Se abrió para recibir a Andrés Manuel López Obrador, que como el caracol marino de Tecuciztécatl, hace resonar los juveniles alientos de estos ciudadanos neonatos; teponaztli de Xipe Tótec que hace eco del latir impetuoso de los corazones núbiles. Tlatelolco, en donde Xiuhtecuhtli recogió las almas de decenas, centenas, millares (quizá nunca sabremos el número exacto) de los que ofrendaron su vida, su existencia a un ideal, ora involuntariamente, ora con la intuición del martirologio que les esperaba para no escribir sus nombre, sino una anónima entrada que quedó registrada en ese libro sagrado.

Tlatelolco, México, hoy, la encrucijada. Y volvieron a corear consignas, y volvieron a blandir sus armas: el idealismo, la conciencia de hacer lo justo y correcto, el Goya, el Huelum, las nuevas porras, algunas aún nonatas, de la UAM, la UIA, la UACM, la UV y varias más. Y el entusiasmo se convirtió en gritos, y los gritos en ecos, y los ecos en una promesa: transformar a México en un mejor lugar para habitar, en un mejor país para vivir y en una mejor tierra que los recibirá en su hora última.

¡No nos falles! le pidieron a López Obrador los universitarios, y tal vez éste pensó "¡Cómo hacerlo si vinieron hasta aquí a levantar sus puños, sus voces, sus sueños!". Los discursos ya no importaron, ya todo estaba dicho. Ya la herida había sanado un poco, solamente un poco.

Tlatelolco, México, hoy.

sábado, septiembre 13, 2008

Una muerte lenta

El fútbol americano universitario en la ciudad de México, principalmente en la UNAM y el Politécnico, está siendo lentamente asfixiado.

Lejos están las épocas de los vibrantes encuentros entre los Pumas y los Burros Blancos. Y la lejanía no se mide en años, sino en las condiciones actuales: las autoridades (de esas casas de estudio, de la policía y órganos procuradores de justicia, del deporte mexicano y del Distrito Federal) se hallan empantanadas en una maloliente red de complicidades, negligencia, apatía, incompetencia, cinismo, miedo y corrupción.

Las condiciones políticas posteriores a los nefastos años de represión estudiantil crearon una estructura vandálica por "Razones de Estado" que hoy en día sobrevive con la complacencia de esas casas de estudio y el gobierno.

La UNAM y el Poli han sido duramente golpeadas por las corruptelas y las políticas económicas durante más de treinta años. Velando solamente por sus intereses, sus jerarcas desmantelaron la estructura existente en el fútbol americano: desaparecieron de un plumazo decenas de equipos, tanto de categoría mayor como de intermedia, relegaron a los pocos que sobrevivieron a estadios e instalaciones poco funcionales y muy inseguras, dejaron de promocionar este deporte y trataron de olvidarse de que alguna vez existió, así como de su pasado glorioso.

Mientras todo esto sucedía, gobierno y universidades encubrieron, fomentaron y solaparon grupos de choque, conocidos genéricamente como "porros", y los dejaban hacer y deshacer a su antojo en los estadios, al igual que lo permitieron dentro de los campus y escuelas de educación media superior.

Al rescate llegaron las universidades privadas: El Tecnológico de Monterrey y la Universidad de las Américas, principalmente. En el sector público, la Universidad Autónoma de Nuevo León saco la cara con sus Tigres, rebautizados como los Auténticos Tigres. Mantuvieron vivo este deporte y lo desarrollaron a despecho del pésimo manejo de la ONEFA y demás autoridades deportivas.

Hoy, escuelas y escuadras gloriosas solamente persisten en la memoria o en circuitos de menor categoría, como Chapingo, Guardias Presidenciales, la "Guay" (YMCA), Cóndores, Guerreros Aztecas, Cherokees, Búhos, Pieles Rojas, Águilas Reales, Águilas Blancas, etc.

Todo esto ha alejado a las familias de los estadios, por lo menos del Olímpico de CU y del de Santo Tomás.

Ayer, en un acto más de esta farsa trágica, vándalos escenificaron una gresca sangrienta en la Quema del Burro en CU previa al enfrentamiento entre Pumas UNAM y Burros Blancos del IPN, pálida reminiscencia de los clásicos entre las selecciones de dichas instituciones. El saldo aún no es fatal, pero hay dos rijosos gravemente heridos. ¿Qué hicieron las autoridades? Irse por el camino cómodo, fácil y cobarde: Suspendieron el encuentro.

¿Habrá consignados? Seguramente no, nadie irá a la cárcel por esto. ¿Habrá sanciones a los vándalos? Pueden apostar que no. Todo seguirá igual, hasta que este deporte muera de inanición en la UNAM y el Poli.

La violencia en el fútbol americano nacional, principalmente en las multicitadas instituciones, es una consecuencia de largos años de malos manejos y de servir a intereses extra deportivos y extra académicos.

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